Desde lo más frío del significado de una palabra, el Arquitecto, según su definición es la persona encargada de diseñar y construir edificaciones, sin embargo ha sido, es y será una profesión altamente emotiva, congratulante y reconfortante más que cualquier otra en el mundo.

Porque ser Arquitecto no se limita a diseñar y construir, se trata de vivir, de soñar, de crear, de sentir, de apasionarse y en incontables ocasiones de sacrificios y frustraciones. Un Arquitecto tiene la capacidad de ser altamente empático para poder descifrar los pensamientos ajenos, hacerlos suyos y transmitirlos a terceros esperando que el resultado sea el mismo que la idea original. La elevada creatividad de un profesional de la Arquitectura para poder crear espacios imaginarios y plasmarlos en cada trazo los define no solo como artistas, sino como psicólogos, escultores, diseñadores, sociólogos, observadores, entre muchas otros más roles que por naturaleza se ligan a la práctica de esta disciplina.

Pero llegar a ser Arquitecto no es una tarea fácil, muchas personas han sucumbido en el camino pensando que las habilidades para dibujar lo son todo. No hay nada más erróneo que esa idea, de hecho no necesitas dibujar bien para convertirte en un Arquitecto, lo que se necesita para llegar a la meta es saber soñar.

Definamos al Arquitecto como el materializador de sueños, el profesional capaz de convertir un sueño en una casa (edificio, oficina, residencia, etc.), ese lugar especial para una persona donde se siente a gusto, donde pueda encontrarse consigo mismo, donde se siente protegido y en paz.

Pero soñar solo es la base, el inicio del proyecto. Como lo mencionó el gran pensador Aristóteles, saber expresar una idea es tan importante como la idea misma. La increíble capacidad de un Arquitecto para diseñar y transmitir de un papel a la vida real una construcción sin que la idea y la esencia se modifiquen nos habla de su alto grado de sensibilización para entender cada material, saber utilizarlo, articularlo y juntarlo de tal modo que la interpretación de la obra en conjunto logre el objetivo planteado.

Por último nos encontramos con la creación, ese momento donde las habilidades del Arquitecto se mezclan para poder “construir” el anhelado sueño. Una de las etapas más estresantes para muchos, pero sin duda alguna la más gratificante, pues es aquí donde la idea se materializa pasando del papel a la realidad.

No existe una guía para definir al buen y al mal Arquitecto, sin embargo lo que sabemos es que se necesita mucho más que ser un buen diseñador, tiene que ser un buen comunicador, un gran observador y un gran organizador, pero sobre todas las cosas la pasión por lo que hace debe ser su gran inspiración, su gran vocación.

Por Diana Estrada