En algunas ocasiones la Arquitectura es capaz de sorprendernos con cosas tan simples que no entendemos en primera instancia que es lo que está sucediendo. La mezcla de elementos tan simples pero tan profundos y llenos de significados, hacen que una obra con pocos metros cuadrados pueda convertirse en un ícono, no solo por lo que representa, sino también por lo que evoca.

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Ubicada en una llanura de Córdoba, Argentina, se encuentra La Capilla de San Bernardo, una construcción que ha maravillado a más de uno gracias a su simplicidad e increíble y audaz estructura. La Capilla fue construida con materiales reutilizados, principalmente ladrillos provenientes de una casa y corrales que se desmantelaron para darle forma a esta construcción que poco a poco que se ha convertido en un referente del lugar. Según su diseñador el arquitecto argentino Nicolás Campodonico, “el sitio no cuenta con energía eléctrica, agua corriente, ni ningún tipo de servicio público, aquí la naturaleza impone sus condiciones”.

Sin embargo, esto no es motivo para esta capilla no destaque entre una gran arboleda y el campo abierto que la rodean. Los elementos que la constituyen se incorporan de tal manera que hacen de esta obra un lugar que provoca diferentes sensaciones. Una estructura de volumen cuadrado al exterior y de formas curvas al interior se entremezclan con gran astucia con la luz natural dando como resultado un trabajo sobresaliente con tan sólo 92 metros cuadrados de construcción.

El elemento principal, una cúpula abierta, sobresale por sobre toda la construcción, pues es aquí donde el recorrido natural del sol hace que se forme una cruz en el ocaso del día. La cruz es proyectada hacia el atrio que se encuentra abierto en la parte inferior. La repetición diaria de este proceso supone conceptualmente el camino del “Via Crucis” donde la sombra de los palos recorre el camino que sea necesario para finalmente encontrarse y formar una cruz.

La captura de luz que se realiza en la cúpula en conjunto con el reflejo del ladrillo crean un efecto visual que se aprecia por la parte externa de la construcción, haciéndonos creer que la capilla cuenta con luz propia.

Sin duda alguna La Capilla de San Bernardo nos vuelve a recordar que no es necesario pensar en grandes construcciones para posicionar una obra a nivel internacional, simplemente tenemos que crear algo que nos inspire, que nos apasione y que al final podamos sentirnos orgullos de ella.

Por Diana Estrada