En innumerables ocasiones el término muerte se postra a nuestro alrededor, es parte de nuestra identidad y cultura, y llega a ser tan cotidiano como la v2016-04-26.pngida misma. Desde tiempos inmemorables la muerte ha tenido un lugar especial en el ser humano, para muchos es el paso a una mejor vida, para otros es sólo el fin de un ciclo natural por el que todo ser vivo debe pasar.

Sin embargo, cada civilización le rinde culto a la muerte de diferente forma y la arquitectura ha estado presente innegablemente. Las sociedades han ligado a sus muertos a un lugar específico, en donde el cuerpo se convierte en un simbolismo eterno.

La escritora Isabel Allende nos describe en un fragmento de su libro “Eva Luna” lo que el ser humano ha interpretado de la muerte durante siglos y el ferviente deseo de mantener a sus seres queridos siempre vivos: “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme, siempre estaré contigo”.

Y es que esta idea se ha trasladado a los lugares utilizados para el sepulcro de las personas, los cementerios. El origen de enterrar a los seres queridos proviene de las antiguas civilizaciones mesopotámicas y egipcias, sin embargo esta actividad solo estaba destinada a los grandes reyes y faraones. No es hasta la civilización de la antigua Roma que se le comenzó a dar sepulcro formal a todas las personas, era muy común que los entierros se realizaran en las casas de los familiares. En ocasiones se labraban lápidas para recordar que en ese lugar yacían los restos de alguna persona.

Conforme el cristianismo se desarrollaba en todo el mundo, la tradición de sepultar a los difuntos en los hogares se fue prohibiendo y es su lugar se destinó un espacio cercano a la iglesia para esta actividad, pero después de las grandes pestes en Europa y de lo insalubre que resultaba que el cementerio se encontrara tan cerca de las poblaciones finalmente se decidió que el campo santo se ubicara en las periferias de los poblados. Conforme el espacio destinado a los difuntos fue evolucionando, la arquitectura comenzó a formar parte de él, empezando con algunas esculturas y lápidas, para evolucionar en grandes tumbas hasta convertirse en verdaderos palacios que albergaban grandes dinastías familiares.

Y es justamente es este espacio donde la arquitectura ha encontrado una singularidad que no se encuentra en ningún otro espacio construido por el hombre, es capaz de generar sensaciones especiales, indescriptibles y contradictorias. El elemento protagonista es el silencio que interactúa con la imaginación creando múltiples experiencias sensoriales, todas ellas diferentes en cada visitante.

Una arquitectura que impone, pero a su vez puede ser tan simple que elimina todo estándar establecido. Hoy en día son muchos los cementerios que han sido intervenidos o creados resultando en excelentes obras arquitectónicas modernas como el Anillo de la Memoria en el cementerio de la Señora de Loreto en Francia, el Crematorio y Capilla Baumschulenweg en Berlín, The Secret Garden en Italia, el Cementerio del Bosque en Estocolmo o el Cementerio de Fisterra en La Coruña, todos ellos dignos de admirar, y aunque el espacio está destinado a un mismo fin, cada uno emana una energía, olores y sensaciones únicos dando un giro al paradigma que se tiene al pensar en un cementerio, un lugar en el que sólo hay espacio para la tristeza.

Por. Arq. Diana Estrada