Desde que fue instaurado el premio Pritzker, 4 latinoamericanos han sido galardonados con este reconocimiento, el mexicano Luis Barragán en 1980, los brasileños Oscar Niemeyer y Paulo Mendes da Rocha en 1988 y 2006 respectivamente, y en la edición más reciente el Arq. Chileno Alejandro Aravena; con este último, se consolida la tercera generación de arquitectos latinoamericanos en la elite del Pritzker.

Recientemente dediqué mi artículo a la importancia que tiene el relevo generacional en la Arquitectura, y aunque en aquella ocasión hablé específicamente de la perspectiva nacional, al extender el análisis a nivel Latinoamérica, y al ver como tres generaciones han sido reconocidas con el premio más importante en el mundo de la Arquitectura, enfatizo nuevamente la importancia que este relevo generacional tiene para continuar produciendo Arquitectura con calidad.

Comencemos hablando de la primera generación, los arquitectos nacidos a principios del siglo XX, por un lado Barragán, quien a pesar de no ser arquitecto de formación, supo “auto-formarse” para generar un estilo propio, con influencias fuertemente marcadas por sus vivencias personales, desde las provenientes de su infancia al vivir en contacto con la vida de hacienda,  hasta sus viajes por Europa y Marruecos donde tuvo la oportunidad de convivir con figuras como Lecorbusier y Picasso,  y por otro lado, Niemeyer, quien desarrolló el uso del concreto como principal elemento en su lenguaje arquitectónico, y quien como pocos, supo aprovechar las relaciones políticas para desarrollar obras importantes.

Esa primera generación de arquitectos vivió el auge de los principios Lecorbusianos como parte importante en la formación de sus ideas, su época fue marcada por transiciones políticas importantes, tanto México como Brasil explotaron demográficamente, generando una demanda arquitectónica importante.

La segunda generación es la de Paulo Mendes da Rocha, nacido en 1928, una generación que igualmente fue influenciada por Lecorbusier, con la a diferencia que a esta generación la influenció la etapa más madura y consolidada del movimiento moderno, y, al ser la segunda generación bajo esta influencia, las experiencias previas, específicamente las generadas en Brasil con Niemeyer y Lucio Costa, dieron base para un lenguaje más definido y menos experimental.

Y por último la tercera generación, la generación del más reciente Pritzker, Alejandro  Aravena nacido en 1967, nacido bajo la llamada generación X, una generación marcada por cambios tecnológicos muy importantes, cambios que por la situación política en Chile, fueron  permeados de manera muy controlada por la dictadura de Augusto Pinochet la cual gobernó Chile del 73 al 90, y, fue quizá esta parte la que influenció a Aravena a preocuparse por proyectos enfocados a temas sociales y públicos, mismos que fueron parte importante para su selección como ganador del Pritzker.

No sé cuándo volveremos a ver otro Pritzker Latinoamericano, lo que sí puedo afirmar es que la arquitectura Latinoamericana se siente cada vez más madura, cada vez marca más presencia y cada vez tiene más carácter, hoy está arquitectura ya es referencia, y sin duda cada año que se celebre el premio Pritzker la arquitectura de esta región será considerada como un fuerte candidato, mientras eso acontece, celebremos esta tercera generación y continuemos apoyado a las nuevas generaciones para seguir produciendo arquitectos destacados.

Por Arq. Estanislao García