Podría parecer casi imposible concebir un mundo donde la arquitectura no represente un elemento importante en la vida diaria de las personas, ni contemplar a la arquitectura como base de una sociedad, pero por increíble que parezca en diferentes partes del mundo este suceso ha comenzado ha expandirse creando diferentes puntos de opinión, pero sobre todo críticas, pues el propósito de estos elementos arquitectónicos es el de alejar y repeler personas.

Últimamente hemos visto una serie de fotografías por medio de las redes sociales de diferentes ciudades del mundo en donde se exhiben este tipo de instalaciones que comúnmente pasan desapercibidas, pero que gracias a la repercusión mediática de las plataformas digitales, se han vuelto elementos de estudio.

Uno de los ejemplos que más revuelo e indignación han causado es la instalación realizada a las afueras de un edificio de departamentos en la capital londinense, en donde de la noche a la mañana aparecieron púas metálicas colocadas en el piso como mecanismo de defensa en contra de las personas que se sentaban en ese espacio, especialmente las personas sin hogar. Aunque rápidamente se cuestionó hasta donde era válida o no su instalación, dispositivos similares se fueron instalando por toda la ciudad, sobre todo a las afueras de las tiendas comerciales, justificando que la instalación de estos elementos no era en contra de las personas indigentes si no de aquellas que se sentaban a beber o fumar y que espantaban a la clientela. La realidad de este tema es que no es tan nuevo como pareciese, sin embargo, el ejemplo anterior ha llamado la atención por lo evidente de sus intenciones, que para muchos, resulta demasiado ofensivo por lo agresivo de su aspecto, pero otros están de acuerdo con dicha medida.

Otro caso que resultó igual de polémico fue el que sucedió en la ciudad China de Guangzhou, en donde fueron colocadas pirámides de concreto puntiagudas debajo de las avenidas a doble altura para evitar el libre tránsito de transeúntes y el descanso de las personas sin hogar. Por curioso que parezca, ninguna institución gubernamental dio una explicación de los motivos y quien fue el responsable de su instalación y autoría hasta que fueron retiradas debido a la presión social.

Hoy en día nos parecería totalmente contradictorio encontrarnos con este tipo de arquitectura contando con políticas que promueven el uso y desarrollo de los espacios urbanos, espacios destinados para la recreación, la actividad física y la cultural, sin embargo seguimos viendo claros ejemplos de urbanismo hostil. Y aunque te parezca sorprendente, las ciudades siempre han sido un escenario de poder y control, en donde se ven todo tipo de barreras como rejas, púas, pinchos, arbustos, vidrios y pirámides; estructuras que han ido evolucionando en mobiliario urbano especialmente diseñado para desincentivar el uso de los espacios.

Un ejemplo de esta evolución en su máximo esplendor es el mobiliario urbano llamado Candem Bench, una banca diseñada especialmente para repeler cosas y personas. Su secreto está en su diseño estéticamente impecable que casi podría pasar como una banca cualquiera, sin embargo este mobiliario evita que la gente pueda estar mucho tiempo sentada, recostarse, dejar basura, o  que puedan ser utilizadas para otras actividades como el skate debido a sus formas curvas y con pendientes. El Candem Bench podría ser catalogado como el estandarte de las ciudades hostiles modernas, pues está diseñado a conciencia con el único fin de no poder hacer nada más sobre el, más que apoyarse un rato. A esta tendencia se unen las miles de bancas metálicas incómodas colocadas en la mayoría de las urbes del mundo con el mismo fin.

Lo que bien es cierto, es que el espacio público poco a poco va dejando de representar un punto de encuentro para los ciudadanos, perdiendo el valor inherente para el que originalmente fue concebido y pasando a ser un espacio privado y restringido, que poco a poco se convierte en un bien económico, haciendo que surjan tendencias arquitectónicas denominadas disuasorias, preventivas u hostiles.

Por. Arq. Diana Estrada